martes, 24 de noviembre de 2015

Mi primera canción

Corría el año 1988 cuando se publicó un disco en vinilo que cambiaría mi vida y la de varios de mis amigos para siempre, se trataba del álbum Llena tu cabeza de rock en español 88.

En años anteriores se habían publicado varios "llena tu cabeza de rock", que recopilaban lo mejor del rock en inglés de cada año, era algo como el "14 cañonazos" pero del rock.  Sin embargo, ninguno de ellos tuvo un impacto tan grande como éste, pues por primera vez en Colombia esa música, que ya existía desde décadas atrás en nuestro país, alcanzaba una difusión exitosa y comercial tal como había sucedido en Argentina desde la época de los inicios de Spinetta o Charly García en los años 60's.

Fue un impacto muy fuerte para aquellos niños prepubertos de la Unidad Residencial Aranjuez, poder cantar y entender la letra de una música diferente a la de nuestros padres, no más música de plancha, no más boleros, no más salsa.  Esta era la música que necesitabamos para reivindicar nuestra identidad como generación rebelde que quiere desapegarse del yugo mater-paternal, que quiere establecer su propio discurso, en donde las barreras del idioma eran derrumbadas y se podía hablar de lo que se quisiera, sin límites morales.

Varios de mis amigos compraron dicho vinilo y nos pasabamos horas escuchándolo una y otra vez, aprendiéndonos sus letras y esperábamos con ansias los días sábados a las 8 A.M. para encender la radio en el dial de la emisora Caracol Estéreo que pasaba un programa radial que tenía un I.D. que cantaba "radioactividad, actividad radiaaal".  Particularmente Andrés Mejía y yo empezamos a competir para ver quien lograba coleccionar la mayor cantidad posible de canciones de rock en español provenientes de dicha emisora grabadas en nuestras caseteras; pero también de otras fuentes sonoras, comprando vinilos y cassettes o pidiéndolos prestados. Era una obsesión y un duelo a muerte.

Pero aquellos niños inquietos no nos limitamos a simplemente cantar lo que nos llegaba del exterior, a acumularlos en las cajas llenas de cassettes o a competir por quien era capaz de aprenderse de primero la letra de "El IVA hecho fácil" de La Trinca, "Mi abuela" de Wilfred y la Ganga, o "Come mierda" de la Polla Records, sin quererlo un día cualquiera empezó un juego que logró desafiar nuestra creatividad.

Andrés Mejía era socio del Club Farallones de Cali y uno de nuestros planes regulares de los domingos era que me invitara a pasar juntos el día allá, como un par de mejores amigos. Usualmente lo que hacíamos era meternos a la piscina, comer, caminar por las canchas de tenis y de vez en cuando intentar jugar golf. Pero un día Andrés llevó en su maletín un par de baquetas que él usaba porque pertenecía a la banda marcial del colegio Pio XII y eso ahuyentó nuestras ganas de piscinear porque lo que hicimos fue treparnos a un árbol y buscar las ramas mas fuertes que encontraramos para fabricarme un par de baquetas para mí y así pudieramos estar en igualdad de condiciones.  Luego descubrimos la fascinante acústica de las canchas de raquetball, nos pasamos toda la tarde encerrados en las canchas golpeando el suelo y las paredes, creando ritmos, reproduciendo los de la banda marcial, hasta que llegara alguien que fuera de verdad a jugar con sus raquetas y nos ibamos para otra cancha. 

Allí fue donde la magia ocurrió, empezamos a improvisar nuevas canciones emulando aquel rock en español que corría por nuestros cerebros y en medio de aquel éxtasis creativo llegó una idea brutal por parte de Andrés: "si yo fuera rico lo daría todo a las mujeres". De inmediato corrimos a buscar un papelito donde anotar la genial letra producto de aquella inspiración repentina, antes de que se nos olvidara.

Apenas llegamos de nuevo a nuestra Unidad le dije a Andrés "¡tenemos que grabar esas canciones!, utilicemos el micrófono estéreo marca Sony que tiene mi equipo de sonido Akai, ese mismo en el que grabamos nuestras parodias de los noticieros en años anteriores".  Así fue como fuimos corriendo a mi casa y preparamos todo el arsenal de instrumentos para grabar aquello que había sucedido en el Club: las baquetas reales de Andrés, las baquetas artesanales de Julián, un libro viejo para hacer "el bombo", una regla de plástico para que al golpearla diera unos brillos que emularan un hi-hat y un gancho de ropa que serviría como piaña para sostener el micrófono mientas tocamos.

Todo estuvo listo, conectado y seteado. Faltaba tener una excusa para que la grabación fuera un juego, así que decidí que debiamos crear una especie de introducción de un locutor que copiara a la única emisora de rock que existía en aquella época en Cali, la 96.5 FM Todelar Stereo y así fue como grabamos nuestra primera canción que se llamó "estrella de luz" de la cuál lo único que recuerdo era el coro que decía:

-Julián: "Estrella de luz".
-Andrés: "¡ayúdame!".
-Julián: "estrella de luz".
-Andrés: "¡ilumíname!".

La canción nos pareció muy trascendental y poco divertida, así que procedimos a borrarla, grabando encima una nueva canción llamada "No me vuelvan a invitar".  Cabe aclarar que todo esto se grabó improvisando, ya que la única letra que habíamos escrito de verdad fue la del papelito en el Club.

Esta es la canción:





Quedamos felices con el resultado, así que era el momento preciso para grabar la canción que sería el éxito de la Feria: "Si yo fuera rico", una clara influencia de Los Hombres G.




En esa misma noche le siguieron otras canciones que se grababan y se anunciaban como si fueran de una banda diferente.


- Come y te sentirás mejor (influencia de la Polla Records)






- El Pie (queriamos algo medio Toreros Muertos o La Trinca)



A partir de ese día creamos un nuevo juego de niños al que después empezamos a invitar al resto de nuestros amigos, el juego se llamaba "vamos a grabar donde Julián" y las reglas eran simples:

1. Agarra cualquier objeto que suene.
2. Elije el nombre de tu canción.
3. Improvisa la letra.






jueves, 14 de mayo de 2015

Una canción póstuma

El 25 de marzo de 2015 la muerte finalmente entra y se lleva a mi hermana Silvia, después de 8 meses de lucha contra un cáncer que empezó en las cuerdas vocales cuando fue diagnosticado en agosto de 2014 casi por accidente, cuando le quisieron hacer un procedimiento para ensancharle la laringe para solucionar un problema que llevaba varios meses al ingerir los alimentos pues cada que lo hacía se le iba parte de ella a sus pulmones, lo cual al parecer le había ocasionado un enfisema pulmonar, ya que no se supone que la comida se dirija al sistema respiratorio.

Lo que se hace un poco indignante es que ella llevaba 2 años comiendo únicamente comidas líquidas porque tenía problemas para masticar y deglutir sólidos.  Lo médicos a los que ella acudió durante esos años le decían que el problema era consecuencia de la radioterapia que le hicieron en 1998 cuando tuvo cáncer por primera vez en su lengua, pero a ninguno de esos médicos se le ocurrió pensar que después de 14 años habría la posibilidad de que la enfermedad hubiera aparecido nuevamente cerca a la zona inicial y nunca le mandaron a hacer una laringoscopia o algún otro examen que pudiera confirmarlo. Lo único que hicieron en durante ese tiempo fue hacerle fisioterapias para tragar, sin ningún resultado favorable.

Ninguno de nosotros, excepto al parecer Silvia, esperaba la noticia de la reaparición del cáncer y la reacción fue desoladora para nuestra familia, principalmente cuando ella nos comunicó su decisión de que no quería volver a hacerse algún tratamiento, que su experiencia previa con la quimio y radioterapia habia sido traumática para ella y que prefería dejarle todo en manos de Dios para que le hiciera una curación milagrosa y sobrenatural. Lo único que aceptó hacerse fue dejarse poner una sonda en el estómago para alimentarse, ya que el hecho de que gran parte de su comida se fuera para los pulmones había hecho que bajara mucho de peso.

De esa manera se acogió al servicio de Hospice (hospicio) que en Estados Unidos consiste en realizar cuidados paliativos para acompañar a la persona en sus últimos días hacia la muerte. Estuvo un poco mas de 1 semana en dicho servicio hasta que, tal vez pensando en sus 3 hijos, tomó la decisión de realizarse algún tratamiento diferente a los que usó 16 años atrás, tal vez una cirugía o algún procedimiento alternativo. Encontró entonces una clínica en Phoenix (Arizona) donde de manera ambulatoria le aplicarían algunas medicinas durante 1 mes y posteriormente visitas regulares de 1 semana durante 1 año.

Cuando regresó a su hogar en Miami, se sentía mejor, más vital, hasta el punto de pensar que podría volver a sus actividades diarias habituales, pero después de 2 semanas recayó, volvió a sentir dificultad para respirar y para tragar. Entonces volvió 1 vez más a Phoenix, pero finalmente decidió no seguir, pues alejarse recurrentemente de sus hijos y la logística que suponía estar viajando para ese tratamiento la desmotivaron.  Así que encontró otro tratamiento alternativo ambulatorio en Suiza basado en fortalecer el sistema inmunológico, en el que prometen que después de la primera semana los tumores que ellos han tratado reducen en un 75%.

Entonces viajó con su hijo mayor para que la acompañara en el proceso, pero después de la primera semana el resultado fue nulo, ni aumentó, ni disminuyó el tumor. Al contrario sus episodios de asfixia nocturna aumentaron al punto que tuvieron que correr una noche a la sala de emergencia de un hopital donde le dijeron que la mejor solución para esas crisis era hacerle una traqueostomía.

Silvia temía mucho la traqueostomía, pues perdería el habla y además, como ella decía un poco en broma, quedaría respirando como Darth Vader.  Entonces, el día que se la iban a hacer en Suiza ella desistió y prefirió correr el riesgo de viajar de nuevo a Estados Unidos con el peligro de asfixiarse en el avión.

Finalmente, llegó a Nueva York en diciembre de 2014, en donde se internó en un hospital que tiene la reputación de ser el mejor en tratamiento de cáncer en todo el país, pero cuando una institución o un médico tienen tanta fama, asimismo tienen mucha demanda y la cita con el médico que la evaluaría no se dio hasta finales de enero, lo cual para una enfermedad como el cáncer es un desastre pues el reloj de la muerte marcha a toda velocidad si no se atiende rápido.

Lo único que pudieron hacer de manera celérica fue la traqueostomía que ella tanto temía y que le causó gran depresión pues finalmente quedó silente.  Es irónico pensarlo ya que precisamente era su voz su arma principal para enfrentarse al mundo, ella no dudaba en usar sus palabras para golpear con ellas ya que su frágil físico no le permitía hacerlo y, tal vez, esa manera de utilizarlas fue la que se manifestó de alguna manera en el lugar donde aparecíó su cáncer, en la lengua en 1998 y en las cuerdas vocales en 2014.

Cuando los médicos finalmente la pudieron ver para determinar si le harían una cirugía para extraer el tumor y una posterior reconstrucción, ella estaba pesando aproximadamente 45 kg, parecía estar con caquexia y el médico principal no quería realizarla, pero un colega suyo que se hizo muy buen amigo de mi familia durante esos días logró convencerlo de que podrían hacerle la cirugía si subía de peso. Entonces durante 3 semanas se dedicaron a alimentarla hasta por las venas y lograron que subiera hasta 49kg, pero para ese momento el tumor ya se le extendía por la laringe, la tráquea, la faringe y la base de la lengua y era muy "duro". En ese momento la declararon desahuciada y la remitieron nuevamente al servicio de Hospice, pero esta vez mucho más cerca de la muerte, con un cáncer avanzado, caquexia y 2 semanas pronosticadas de vida.

Ella lo único que quería antes de morir era poder ver a sus hijos para despedirse, pero su esposo Jason que nunca tuvo una buena relación con mi familia, no quiso viajar con sus hijos hasta NY, razón por la que mi familia tuvo que costear un avión-ambulancia que la pudiera llevar a Miami para poder cumplir su última voluntad.

Sus últimos días fueron una montaña rusa de esperanzas y desesperanzas, tristezas y pequeñas alegrías, fe y escepticismo, ansiedad y calma, fortaleza y debilidad. Por un carril que parece interminable, no sabes en que momento terminará el viaje para bajarte del carrito y comprar el tiquete para la siguiente montaña. Se acude a todo tipo de posibles soluciones fuera del sistema convencional de salud que ya se dio por vencido: grupos de oración, profetas, reiki, cannabis, yoga, alcalinización de la dieta, aloe y la esperanza en Dios que nunca desapareció en Silvia, aunque sí en mi mamá. 

Cada mínimo avance hacía que volviera la esperanza, la fé, pero al día siguiente verla de nuevo mal y escribiendo en el pequeño tablero que usaba para comunicarse "me quiero morir hoy" hacía que nuevamente desfallecieramos.  Mi hermana Lucía la acompañó día y noche durante más de un mes en la casa y luego en el hospital de donde la querían expulsar, pues Silvia nunca cumplió con las predicciones médicas de la fecha de su muerte. Los médicos son presionados todos los días a justificar el por qué un paciente es mantenido en un hospital con el objetivo de sanarlo, pero si no se puede justificar por tratarse de una enfermedad crónica o terminal, entonces los seguros dejan de pagarle al hospital y a los médicos. Por eso, casos como los de mi hermana son una pesadilla para el bolsillo de los hospitales y todos los días "sugieren" que se vaya para un hospicio a morir.

Luego llegó el círculo vicioso: La morfina calma el dolor pero causa estreñimiento, el estreñimiento causa perdida de apetito, la pérdida de apetito causa perdida de peso que a su vez causa debilidad y la debilidad causa dolor. Era impresionante ver que una persona pudiera seguir viva siendo unicamente piel y huesos (estimo que llegó a pesar unos 30kg), sin levantarse de la cama, haciendo sus necesidades encima porque no tenía fuerzas ni para ponerle un recipiente por debajo, viendo como el tumor le llegó hasta la lengua lo cual hizo que le creciera tanto que no le permitía cerrar su boca ni retener la saliva o los mocos que le escurrían por la nariz, la boca y el tubo de la traqueostomía de manera interminable las 24 horas del día y sintiendo el olor de la necrosis de su cuerpo por toda la habitación.

Cuando yo me despedí de ella 5 días antes de su muerte pues debía regresar a Colombia, su estado era casi de inconciencia por la cantidad de morfina que le daban, sin embargo, logré que despertará un poco y me apretó la mano mientras le decía unas últimas palabras mientras iba cayendo nuevamente en el sueño.

La madrugada del 25 de marzo a las 4:00 a.m.  Lucía me llamó a darme la noticia de su muerte y lo primero que hice fue tomar mi guitarra y dejar que mis manos la recorrieran sin pensar, únicamente dejando que ese sentimiento se tradujera a través de mis dedos en notas que expresaran lo que sentía por dentro.  Días después le pedí a mi mamá y a mi hermana que me escribieran cosas que quisieran decir de Silvia, y le pedí a mi sobrino mayor que me diera una copia del discurso que leyó el día de su funeral en Miami.  Con todas esas palabras escribí la letra de esta canción que expresa lo que fue una mujer, hija, hermana y madre que finalmente se convirtió en una mariposa que bate sus alas en otro plano.

Mi hermana fue un ejemplo de fortaleza, siempre admiraré su capacidad para enfrentar los tantos obstáculos que tuvo en una vida difícil, con episodios extremos que contaré posteriormente.

martes, 2 de septiembre de 2014

¿Por qué escribo esto?

La mente es engañosa, la ciencia ha demostrado que nuestro cerebro es capaz de crear nuevos recuerdos tan vívidos que la persona que los crea puede asegurar fervientemente que experimentó algo que en realidad no sucedió. Ese es el riesgo que estoy corriendo al tratar de recordar mi vida, puede que aparezca algún hecho distorsionado o con algunos elementos que en realidad no fueron así, pero como dijo García Márquez "la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda". Como los paisajes que huyen de las sombras persiguiendo sus atardeceres, así se desvanecen mis recuerdos y mis metáforas, por eso esta biografía será explicita y documental, acudiendo más a la urgencia verbal de una fotografía sin Photoshop, que a la minucia y detalle de un retrato impresionista lleno de delicadas pinceladas de colores.

Después de la muerte de mi papá el año pasado parecía que la muerte se había ido a descansar en algún remanso vacacional distante. Pero ahora, un año después, vuelve a despertarse y a merodear intentando entrar a mi casa, esta vez sí, tocando la puerta, asomándose por la ventana, rechinando con sus estertores metálicos los umbrales de las habitaciones de quienes más amo, mis hermanas.

El 10 de junio de 2014, Lucía, mi hermana mayor, sufrió un derrame cerebral debido a un cavernoma, un problema congénito que afortunadamente no tuvimos que lamentar pues sus funciones motrices, del habla y del pensamiento no quedaron comprometidos. Sin embargo, ha tenido que sufrir de un mareo permanente que le dificulta en ocasiones poder caminar sin sentirse como una ebria, lo cual ha hecho que su energía vital cotidiana que usualmente va a las revoluciones de la Fórmula Uno, en esta ocasión haya tenido que parquearse en los pits.

Silvia, es mi segunda hermana, el jamón del sándwich de los hijos de mi mamá, la del medio. Y nacida bajo esa estrella con esa condición medial, ha tenido que vivir con un par de yunques de infortunio aplastándola por encima y por debajo. Es ella quien ha logrado que yo llegue a creer en medio de mi escepticismo lo que los budistas e hinduistas llaman Karma, pues si llega a ser cierto que uno reencarna en esta tierra para aprender algo que en una vida pasada hizo mal, entonces ella perdió con honores todas las lecciones del curso anterior y ha tenido que repetir muchas materias, las más desventuradas.

No podré hablar de todo lo que le ha pasado a ella y que ha dejado huella en mi vida en un solo capítulo, eso irá apareciendo en la medida de mis relatos, pero en lo que respecta a responder la pregunta del motivo por el cual me motivé a escribir esta autobiografía justo en este momento de mi existencia, solo puedo narrar lo que sucedió en agosto de 2014.

Silvia es una sobreviviente de un cáncer de lengua que sufrió en 1998, después de que en aquella ocasión le hubieran sentenciado 3 meses de vida, logró gracias a un tratamiento agresivo con quimioterapia y radioterapia extender su vida 16 años más hasta ahora y ojalá sean muchos años más por el bien de sus 3 hijos. Pero sobrevivir le cobró un peaje alto en su salud, perdió sus glándulas salivares y por ello no produce ni una gota de saliva que es importante para masticar los alimentos, deglutir, tragar y prevenir la caries y otras bacterias orales. Otra consecuencia es que la radioterapia quemó y atrofió los músculos del maxilar inferior y su cuello, haciendo que a la medida del paso de los años la masa muscular de esa parte de su cuerpo se haya ido perdiendo, dándole una apariencia a su cara de estar muy delgada, casi "chupada", mientras el resto de su cuerpo gozaba de un volumen normal. La consecuencia más incómoda de esta atrofia, entre otras, ha sido el aumento progresivo de la dificultad para tragar, por el cual en el 2011 tuvo que dejar de comer alimentos sólidos y dedicarse sólo a ingerir líquidos.

Con los años apareció entonces una tos crónica debido a que cuando tragaba, parte de esos alimentos líquidos se desviaban hacia sus pulmones, lo que le ha valido perder mucho peso y estar en el nivel 1 de desnutrición. Entonces en agosto, en medio de un procedimiento médico quirúrgico ambulatorio que buscaba dilatar su garganta para permitirle disminuir ese problema de la ingestión de comida, el médico se encontró con un nuevo tumor, esta vez en la zona donde se unen la faringe y el esófago, detrás de sus cuerdas vocales.

Como fiel creyente y practicante asidua de la religión católica, su primera reacción fue la de dejar todo en manos de Dios, abandonar el hospital y resguardarse en el calor de su hogar esperando lo que llegue primero, un milagro sobrenatural que borre de tajo y para siempre cualquier rastro del cáncer, o recibir con abnegación el llamado al otro reino. Posteriormente, decidió buscar alguna terapia alternativa, como la dieta Ketogénica o incluso la cirugía, cualquier cosa menos volver a pasar por la tortura de la quimio y radio terapias.

Así las cosas, viendo que nuestra vida pende de un hilo invisible y delicado que a medida que la vivimos se va cargando de peso hasta que, en el momento menos pensado, se tensa hasta romperse, no puedo evitar esa sensación de que en cualquier instante me podría pasar a mí y sentir la necesidad de contar mi historia, que puede ser irrelevante para el mundo, pero quiero dejar en alguna parte un registro por si en alguna época lejana o cercana alguien se interesa por conocerla.

lunes, 25 de agosto de 2014

LA MUERTE ES EL INICIO

La muerte definitivamente es un tabú en nuestra sociedad, nunca hablamos de ella en nuestra familia cuando estamos vivos, sanos y felices. Es un tema más vetado que el sexo, aunque lo vemos a diario en los noticieros, en las películas y en la TV; nunca queremos lidiar con él, nunca lo invitamos a nuestra sala como tema de conversación a menos que alguien que conocemos haya muerto o que repliquemos alguna experiencia que alguien ajeno nos contó.

Pero jamás hablamos de nuestra propia muerte cuando no vemos una amenaza a nuestra vida, ni planeamos qué será de nuestra familia y los que quedan si abandonamos este mundo antes de lo esperado. Pero la cita con la guadaña es irrevocable mientras no se materialicen los sueños de la ciencia ficción en donde la nanotecnología, la impresión de órganos 3D o la revolución genética nos convierta en seres perennes.  Sin embargo, como aún no es posible la conexión de nuestros cerebros a grandes discos duros para guardar nuestras memorias, emociones y vivencias, he decidido empezar a plasmar en este blog un registro de mi vida por si acaso la muerte llega sin invitación y antes de que mi memoria me empiece a desamparar.

Pero no puedo decir que no haya habido un deceso en mi familia, porque tengo una bastante numerosa por el lado materno, compuesta por 1 abuela, 12 tíos, 57 primos, 79 bisprimos y 5 tataraprimos; y por el lado paterno, 1 tía, 2 medio-hermanos, 3 primos y 4 bisprimos. 

Es apenas lógico que con tanta gente las probabilidades de que haya alguien que fallezca es mayor, pero afortunadamente solo unos cuantos han dado ese paso. Mi abuelo materno murió de una trombosis el mismo año en el que yo nací y el único vestigio que queda de nuestra relación es una foto en la que yo estoy en sus brazos casi recién nacido. Mi abuela paterna murió de una isquemia y se llevó a su tumba la identidad secreta de mi abuelo quien había muerto algunos años atrás. Dos primos maternos murieron juntos y jóvenes en circunstancias violentas dejando gran dolor en sus padres, mi tío Jairo y mi tía Marlene, pero especialmente en esta última, cuya pena sigue latente en su corazón a pesar de todos los años que han pasado desde que eso sucedió.

La muerte al parecer ha estado navegando por un río distante que solo se ha cruzado en el cauce de nuestra familia en esas pocas ocasiones permitiendo que por ejemplo mi abuela haya celebrado su cumpleaños número 102 en el 2014. Generalmente nuestro pensamiento es que los mayores serán quienes mueran primero, pero la Pelona es tan impredecible y tan caprichosa que puede llevarse a los mas jóvenes y saludables; y abandonar a aquellos que la esperan con ansias.

La parca empezó a dar pasos hacia la puerta de mi casa cuando se llevó a mi papá el 6 de agosto de 2013, un extraño día en donde celebraba al mismo tiempo la vida de mi novia que cumplía años coincidencialmente en esa fecha. Fue una muerte sin mucho aviso, tan sólo 1 semana después de ingresar a la clínica porque sus ojos y su piel se había puesto amarillenta y algunas molestias de estreñimiento, le diagnosticaron un cáncer en el páncreas. 

Teniendo en cuenta que un tumor en ese órgano es usualmente el más agresivo había que tomar una decisión muy rápida con respecto al tratamiento; la primera opción era una cirugía altamente riesgosa con una probabilidad muy alta de morir, la segunda era un tratamiento largo en el que se le podría alargar su vida a medida que poco a poco se iría agotando su salud hasta que finalmente exhalara su último aliento.  Mi papá decidió entonces irse por la primera opción, prefería morirse de una vez o sobrevivir con una calidad de vida aceptable que irse acabando paulatinamente, diciendo que siempre había tenido una buena vida y no quería terminarla sufriendo.

El tumor resultó ser mas complicado de lo esperado y la cirugía programada para 5 horas se extendío hasta 12. Durante la recuperación en los días posteriores mi papá recobró algo de conciencia y pudimos cruzar unas pocas palabras, a pesar de su estado bromeó algo con respecto a la belleza de la enfermera, cosa que era común en él. Sin embargo, a los dos días tuvo una recaida grave, una infección y fue perdiendo una a una sus funciones físicas; si se hubiera recuperado se habría condenado a la diálisis por el resto de su vida. Pero contrario a salir avante, se fue extinguiendo poco a poco hasta que finalmente el último de sus signos vitales se apagó en los monitores.  Se fue con el esbozo de una sonrisa en su rostro.

A pesar de que era mi papá, sentí que la muerte aún no se asomaba a la ventana de mi hogar, solo daba pasos en el antejardín porque mi relación con él nunca fue cercana. Desde mis 5 años de edad cuando mis padres se separaron lo veía muy poco, sus visitas se limitaron siempre a unos pocos minutos en la portería de la unidad donde yo vivía para saludarnos y entregarme el dinero de la mesada que por ley debía darme. Nunca pasamos un fin de semana juntos o fuimos por lo menos a la panadería de la esquina a comernos un helado.

Tampoco tengo una sola fotografía de mi infancia en la que él aparezca. Para cualquiera que abre nuestro álbum familiar es extraño ver imágenes de mi bautismo, cumpleaños y viajes con un pedazo rasgado, porque él se dedicó minuciosamente a arrancar su rostro de cada una de las fotos donde aparecía para prevenir, según sus propios agüeros, que le fueran a hacer algún tipo de brujería posteriormente. Por eso no tengo ningún sentimiento positivo o negativo hacia él, pues nunca lo conocí realmente durante mi niñez.

Muchos años después durante mi adultez fue extraño que él quisiera acercarse a mí y tratara de establecer un vínculo que no se creó en la etapa donde debía hacerse tanto con él, como con mis 2 medio-hermanos. Pero el universo es extraño y conspira para que tarde o temprano las cosas más inesperadas ocurran, como vivir esos últimos días de mi papá y los posteriores a su muerte acercando a sus 5 hijos en torno a él. Y considerando lo insignificante que es el tiempo humano a nivel cósmico puedo atreverme a decir: nunca es tarde.